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martes, 21 de octubre de 2008

SHIWA

Hace un par de semanas murió uno de mis dos pastores belga, bueno, digo míos pero viven con mis padres, en la Costa Brava.
Taco, el que sobrevive, es una bestia de 40kg que mis padres rescataron de la pena de muerte. Le habían atropellado y el golpe que tiene en la cabeza hace que no ladre, no juegue y no haga nada más que esconderse de todos, incluidos nosotros. Taco está lobotomizado.
En casa siempre hemos tenido perros adoptados, recogemos los que son un poco mayores y nadie querrá. Ya sé que estaréis pensado “qué gente tan maja, cómo es que la hija ha salido tan superficial?”. Bueno, pues porque soy de la generación x esa…

Para mi madre la muerte de un perro es un drama, se le entierra en el jardín (el día que remuevan ese terreno, Poltergeist va a ser un chiste!) y ella se pasa los días llorando por las esquinas.
Entonces se inicia la operación Sustitución. Nos ponemos en marcha rumbo a la perrera e iniciamos la prospección.
Estas son las imágenes del estudio:

Todos los candidatos iniciaron sus estrategias de marketing para parecer los más atractivos: algunos saltaban contra la verja queriendo mostrar su agilidad y juventud; otros lloriqueaban intentando tocar la fibra…

Mi madre sollozaba apoyada en una columna “todos, los quiero todos…”
Yo seguí analizando posibilidades, esta vez un poco más de cerca.

Finalmente, en un rincón, vimos una pareja de chuchos jugando sin hacernos ni puñetero caso. Parecía que para ellos era más importante divertirse que “venderse”. Descartamos al macho porque ya tenemos a Taco y la escogimos a ella.
¿Qué de qué raza es? Todas!

Hace un mes mi amiga Nicole adoptó también un perrito de la perrera municipal de Barcelona y le llamó Bambú, como la canción de Antònia Font. Yo he llamado a mi nueva perrita Shiwa, como una de Love of Lesbian.

Gracias Mora por cuidar de nosotros y bienvenida Shiwa.

martes, 8 de julio de 2008

Mammy Blue, no esas cursiladas de toda la vida.



Los niños de mi generación (y los de 30 años antes y después) se durmieron con las mismas nanas. La nana es un género pobre, ciertamente.
Duérmete niño, duérmete ya y fuera.
Las nanas, cuando te conviertes en madre, te las enseñan –imagino- las cuñadas, o las hermanas mayores, madres, suegras… Mujeres adláteres en fin.

La señora de la foto, cruzó el océano Atlántico para estudiar poesía y pintura.
En plena aventura europea, perdió la cabeza por un hippy paliducho de ojos claros y tuvo una hija.
No tenía absolutamente a nadie que le enseñara a cantar nanas así que echó mano de lo que tenía cerca.
Este temazo marcó la vida de la señora de la foto y de la ceporra que sostiene en sus brazos, a saber: un servidora.

Los Pop Tops parecen una mezcla de la Kelly Family y los Boney M. Cantaban soul y fueron los primeros que le echaron valor y utilizaron como base el Canon de Pachelbel para una canción pop.
Nadie diría, ¿verdad? que eran madrileños…

viernes, 27 de junio de 2008

AYER 1


Ayer nació mi nueva sobrina, Martina en teoría, hasta que mi cuñado fue a arreglar no sé qué documentos en Administración y al volver dijo:
- Oye, al final le he puesto Berta. Es que a mí Martina me parece demasiado largo.
Mi hermana suspiró con resignación.
Para que luego me pregunten por qué no creo en el matrimonio.


jueves, 8 de mayo de 2008

Un día con la familia ratón

Yo también he sucumbido a la tentación de los realities, ya véis...
Nada especial, como podréis apreciar: tenemos un niño, yo me ocupo de la casa (soy una gran cocinera), vamos en vespa porque no nos gusta el estrés de los coches, en los ratos libres me dedico a la música y mi marido escribe...
Bueno, The Knife os lo explica mejor:

lunes, 21 de abril de 2008

Mi sobri

Ya lo han decidido:

mi sobrina

se llamará Martina.


Es un nombre muy bonito,

y a mi me suena como que viene de Dry Martini.


Qué ganas de verle la carita.

jueves, 10 de abril de 2008

Duelo de titanes en el Chicoa.



Chanquetes
Espárragos trigueros con romesco
Suquet de bogavante
Campo neutral

Casi acabamos a guantazos.

Nos salvó el vino y que tengo una costilla hecha serrín.

lunes, 24 de diciembre de 2007

0-1

Ayer nos reunimos un grupo muy ecléctico en el Mau Mau para ver el partido. Yo venía de tocar el piano con Gloria, así que ya aparecí con el karma muy en positivo.
Al salir, en la calle Fontrodona, le hice una foto a la persiana de una tienda...

Después en el Sifó, corrió el Flor de Caña...

miércoles, 5 de septiembre de 2007

DESDE EL CORAZÓN, DE AMÉRICA. Felicidades, Padre


He dormido tres horas. Al sonar el despertador un perro callejero aullaba cerca de la casa, o tal vez era yo, que lloraba de sueño…
Me he vestido sin saber qué me estaba poniendo y me he arrastrado hacia la oficina, como siempre escoltada por Tigre, que da unos pasos, se detiene, se gira para verme enderezando su única oreja y continúa al comprobar que le sigo.

El huracán Félix está destrozando el norte de Nicaragua y aquí, a Río San Juan, ha traído lluvias que de noche amenazan con desquiciar los techos de zinc. Esta mañana la calle tiene restos de la pelea que sostuvo con el viento. Veo las fotos del satélite y pienso en lo hipócrita de esa imagen que recuerda el dulce algodón de azúcar de la infancia y que, en realidad, lleva tanta amargura en sus pliegues.

Hoy es el cumpleaños de mi padre. Hoy no puedo regalarle un libro que devoraría en dos días ni bebernos juntos el último descubrimiento de alguna bodega que, al poco, se habría hecho famosa; no puedo dedicarle Debbie al piano. No puedo abrazarle mientras le digo cuanto le quiero y le admiro, así que le llamo a su móvil.
- ¿Padre?
- Estoy en un avión a punto de despegar hija, tengo que colgar.
Y eso ha sido todo. No he insistido después, porque sé que estará rodeado de médicos en un congreso, o en algún quirófano manejando maquinitas para que un corazón maltrecho siga latiendo.
Pero he pensado mucho en él hoy, en el amor loco que siente por su esposa, mi madre, y en lo mucho que nos quiere y protege a mi hermana y a mí. Ahora hay que repartirse ese cariño con Gerard, mi sobrino. Pero está bien, hay para todos y sobra.

Ya quedó muy atrás el tiempo en que él y yo éramos como dos ciervos con grandes cuernos y luchamos hasta separarnos. Ya recuperamos el tiempo perdido entre vinos que él me enseñó a conocer, cenas y charlas hasta la madrugada que nos convirtieron en amigos, amigos que hablan de amor, de libros y de sueños.
Ya entendí que no debía enfrentarme a él para acabar perdiendo frente a su testarudez infinita. Ya me dedico sólo a aprender de todo lo que aún me puede enseñar y a comprender que para él la vida fue difícil y que por eso me inculcó la disciplina y la dinámica del esfuerzo y de la lucha. Ahora cuando miro los ojos azules que repitió para mi, sólo veo cosas buenas y un atisbo de arrepentimiento por lo que cree que hizo mal.
Ahora valoro más que antes la imagen de mi infancia en la que ese señor, al que sus amigos llamaban Sandokan, se despedía de mi con un beso antes de saltar en paracaídas, que pilotaba aviones, que partía ladrillos de un golpe vestido con un extraño pijama blanco, que grabó en mi mente el valor de la aventura, del deporte, de la lectura y los viajes.

Cuando la gente me pregunta por qué no llevo pendientes y contesto “no tengo agujeros”, siempre añado que mi padre se negó a marcarme siendo bebé, y que quiso esperar a que fuese adulta para decidir. Y así fue en todo, y así aprendí a crecer siendo libre, y por eso mi madre me llama “pájaro”.

En el día de su cumpleaños estoy en la tierra que él conoció por amor y que me enseñó a querer. La tierra de la mujer que él extrañaba mientras vivió en Angola y sólo pensaba en volver a sus brazos sin traerle a su vuelta el cólera que entonces azotaba el país. Mi padre me puso muy alto el listón en el amor, y yo ya nunca me conformaré con menos. Mi padre, siempre de viaje, me enseñó que la distancia no la ponen los kilómetros sino las personas. Y por eso hoy no le siento lejos y tal vez él oiga como, desde aquí, le digo “Felicidades, padre”.
05/09/07

sábado, 7 de julio de 2007

Gerard


Hoy me he despedido de ti y, al irme, te he mirado de lejos durante unos segundos, tu también me mirabas con esa sonrisa mágica que suaviza todos los dolores y que convierte en simples contratiempos mis catástrofes.

Casi he querido pedirte que no crecieras hasta mi vuelta, que te mantuvieras intacto, con esa misma sonrisa, para no perderme ni un sólo momento de esta vidita tuya tan llena de luz.

miércoles, 4 de abril de 2007

Papá Gener

Ayer después de una sesión complicada de terapia fui a cenar con mi padre. Le vi de lejos en mitad del Portal del Ángel, mirando a ninguna parte, con impermeable y un sombrerito para la lluvia, le vi mayor y entrañable.
Cuando me acerqué le pedí disculpas por el retraso de 4 minutos y él me abrazó feliz. Fuimos a Els 4 gats, él hablaba con los camareros, el maître, la cajera... insistía en tener una mesa junto al piano para que yo pudiera disfrutar de la música.
Pendía de un hilo entre la comprensión y el enfado pero consiguió lo que había pedido
Escogimos platos exquisitos y de pronto sentí que estábamos en París, a principios de siglo.
Hablé de viajes breves y de viajes largos; él abogó por Nicaragua, como siempre, por unas raíces que no son suyas, pero sí mías y que debo sentir más intensamente.
Él habló de como se hacían antes las cosas que yo voy a hacer ahora.
Hablamos de mi corazón que a él le parece tan fuerte y del suyo que cada vez es más débil.
Compartimos experiencias sobre drogas: las suyas más lejanas, las mías aun impregnaban la conversación.
Y bebimos vino.
Y escuchamos la música que salía del piano y de un viejo violín.
Y salimos de allí y fuera caía un mar.
Y decidimos caminar mucho rato, cogidos del brazo bajo la lluvia sin buscar taxis ni importarnos quedar empapados.
A mitad de camino él me pidió que me fuera, dijo que quería continuar solo y que no permitía que yo anduviera ni un metro más en dirección opuesta a mi casa.
Y empecé a bajar por Paseo de Gracia que parecía un río en el que los peces eran las líneas blancas de la calzada.
El río desapareció en un laberinto de pequeños canales al entrar en el Raval y empecé a entonces a sentirme muy bien, a fijarme en que la poca gente que caminaba por la calle lo hacía porque quería, todos nos mojábamos y a todos nos parecía bien, porque formaba parte de aquel momento. En el Benidorm, en el Lletraferit, en todos los bares quedaban dos o a lo sumo tres personas y todas reían o se besaban.
Y todo era tan distinto a las horas en que caminamos por esas calles de día, yendo a un sitio o a otro, o yéndonos de algún lugar, para no estar más. Ahora los que estábamos allí lo habíamos elegido y nos sentíamos tan satisfechos por nuestra coherencia que era imposible no sonreír de orgullo.
Y todo era así, simplemente tan bueno… y todo el tiempo sonaba esta canción.

n.