
Os escribo en una pausa del intensivo de Yoga Yantra que estoy haciendo.
Empecé ayer, dejad que os ponga en antecedentes: estoy aquí por Gloria.
Hace 6 años, cuando la conocí, ella aún no estaba metida en estas movidas, sólo era mi dulce y paciente profe de piano; guapísima, pálida, y con un aspecto muy delicado. El tema es que tenía una enfermedad que la tenía así, debilucha, como pocha y con un puntito tristón.
Un buen día empezó a seguir las enseñanzas de
un maestro tibetano y su vida comenzó a cambiar, consiguió controlar su enfermedad, su salud mejoró sustancialmente, su humor se hizo más agudo, su buena energía se multiplicó.
El buen fondo, su karma, era el mismo; quiero decir que todo lo que tiene ella de buena persona, cariñosa y comprensiva, ya le venía de serie.
Como os decía, toco el piano con ella desde hace mucho y desde el principio conectamos muy bien, en seguida nos hicimos amigas.
Ella es un ángel, y yo una rata hiperactiva, borrachuza y perturbada. Mi relación con ella es casi egoísta: una simple cena juntas me hace ver todo con más optimismo, mis problemas pasan a ser anécdotas; ella me carga de energía, me hace ser más paciente y cariñosa.
Estar con Gloria me convierte en mejor persona…
Cuando hace un par de semanas me vio tan mal con lo del insomnio y los nervios, me propuso hacer este curso, y aquí estoy.
Y ahora os cuento mis impresiones.
El centro que tiene esta gente para sus prácticas es absolutamente maravilloso, la casa que todos querríamos tener. Un ático de techos de 4 metros en un pasaje del barrio Gótico, con suelo de parquet y puertas de madera antigua. Todas las paredes tienen cristaleras que dan al cielo de tejados de la parte más antigua de Barcelona.
Cuando llegué ayer, la sala estaba llena de hippies treintañeros vestidos ad hoc, super cómodos, con las rastas recogidas y una sonrisa de paz y vegetarianismo que les llenaba la cara. Yo aparecí como Victoria Adams, con un equipazo de Le Coq Sportif y aliento a vino.
Gloria empezó a dar el curso con tanta maestría como enseña piano y yo entonces me fijé en su cuerpo sentado en la posición de loto sobre las colchonetas. Me fijé en que los abdominales se le marcaban bajo la camiseta de tirantes, en que los hombros se le habían desarrollado y que los tendones se le tensaban a cada movimiento dibujando una figura perfecta. El pecho alto y redondo, -¿con el yoga te crecen las tetas? Viva Buda!!!; En ningún sitio se veía un gramo de grasa, las caderas fuertes y femeninas y sobre todo la imagen integral de la fuerza y la salud.
Gloria tiene unos ojos enormes azules, los más grandes que yo haya visto. Antes de meterse en esto del yoga, cuando su salud era tan pobre, esos ojos le daban un aspecto de pez triste. Ahora le iluminaban la cara limpia y sonriente. Su larga cola rubia se movía lentamente a cada respiración.
Ayer pensé que si el Dalai Lama la viera, se enamoraría de ella.
Total, que no sé si esta mujer conseguirá que yo aprenda a relajarme, pero ojalá se me pegue algo de su guapura…
Os seguiré informando.