miércoles, 30 de abril de 2008

El fin de la Escuela Holandesa



El fútbol es cambiante, como lo es la economía y lo somos las personitas. Los ciclos empiezan y terminan.
Hay que saber reconocer cuándo un ciclo ha terminado y actuar.

En los 70 se vivió el Fútbol Total, en los 80 Sacchi y su defensa zonal-robo-presión, el catennacio.
Los 90 (los que yo viví) fueron los años del Dream Team.
En el primer lustro de esta década hemos disfrutado del fútbol de toque, del Barça y los cracks. Esa época también terminó.
Ahora quienes la tocan son los ingleses, y la prueba es que tienen tres equipos en semifinales de Champions.
Su juego es la fusión de lo físico y lo táctico: potencia, velocidad, jugadores africanos, pressing testosterona…

Desde la final de París de 2005 el Barça ha estado más pendiente de sus contratos publicitarios y del Dolce far niente que de sus partidos.
Los seguidores reconocen desde ayer que ya no sirve tener un buen equipo, soltarlos en el campo y sentarse a ver como se lucen. Hay que decirles qué tienen que hacer. Para eso hace falta mandar a Rijkaard a ordeñar vacas y traer a un entrenador que trabaje la estrategia, los corners y las faltas.

Anoche Milito recibió un saque de falta de un jugador diestro, su cabezazo habría sido gol si hubiera recibido de un zurdo. No sé, es una teoría...

El Barça necesita un entrenador con planes B que modifique el ritmo de un partido cuando sea necesario, que ponga en su sitio a las figuritas... Un entrenador que fiche extremos si lo que quiere es jugar por la banda.
Un entrenador estricto, meticuloso, serio.
¿Mourinho?
Puede haber bofetadas, mucha gente quiere que el portugués se vaya al teatro, pero a Guardiola le faltan todavía un par de hervores.

A ver como se lo montan, yo sólo tengo una cosa que decir y es:
Aupa Osasuna!

lunes, 28 de abril de 2008

Me he dejado algo y no sé qué es

Yo-Yo Ma nació en Francia, de padres chinos (bueno, con ese nombre está claro que no era de Bordeaux), y antes de saber sacarse los mocos, aprendió a tocar el violín y la viola en Nueva York.
Después llegó el cello.

El niño se comió el equivalente a la trayectoria de 70 músicos antes de los 20 años y empezó a reinventar el instrumento.
Investigó en el tango y se mimetizó con Piazzola, coqueteó con el new age de la mano de Phillip Glass y le otorgó a ese estilo tan plano (pero resultón) una dimensión profunda que en realidad no tiene. Yo-Yo Ma se la dio.

Meterse en terrenos que no te tocan y dominarlos sin parecer soberbio, sino dándoles otro tono y creando un estilo nuevo es de genios.
Bandas sonoras: Tigre y Dragón, Memorias de una Geisha y La Misión de Morricone mejorada.
¿Qué otro violoncellista se marcaría este puntazo con Bobby Macferrin?
Ahora el tipo anda en su proyecto llamado La ruta de la seda: el encuentro musical entre Oriente y Occidente, una historia personal en que caben todas las cosas y personas buenas de la música.

Podría vincular miles de interpretaciones suyas aquí y ninguna sería menos maravillosa que la anterior.

Una noche, saliendo de un concierto, Yo-Yo Ma metió su cello en el maletero del taxi y regresó a casa.
Debía pensar en a qué nuevo estilo podría darle la vuelta como a un jersey esta vez, o en el frío que pegaba o en qué guapa era la tercera violinista que le acompañaba.
La cuestión es que bajó del taxi, cerró la puerta y le largó.
El cello quedó en el maletero, olvidado…
El cello en cuestión era Petunia, un Domenico Montagna de 1733.

Era obvio que la historia no podía terminar mal, el cello reapareció ileso y se reunió en seguida con su dueño y sus hermanitos el Stradivarius de 1712 y el Luis & Clark de fibra de carbono.
¿Qué puede haber en tu cabeza para que olvides semejante joya en el maletero de un taxi?

Desde hace diez años me despierto todos los domingos con las Suites de Bach. Los grandes intérpretes de este concierto son, según los expertos, Casals y Rostropovich. Yo lo conocí tocado por Ralph Kirschbaum en Austria, más pausado y nostálgico que los dos maestros, mucho más enérgicos y muy intensos.
No soy nadie para emitir juicios a este nivel, pero en mi opinión no hay preludio de esas Suites como el de Yo-Yo Ma.
Ahí va, dedicado al que intoxiqué con ello.

domingo, 27 de abril de 2008

En la parra





Ayer, tras el delicioso arroz del Kaikú, unos carajillos y unos combinados, mi primo me dio mis regalos de cumpleaños: unas galletitas de Londres, una botella de vodka y una de vino.
Para demostrarle mi agradecimiento se me ocurrió seguir bebiendo y, tras una breve visita al festival de cine asiático y un ron con sprite más, nos fuimos a cenar.

El lugar escogido fue el Inòpia: el restaurante del hermanísimo.
En el Inòpia se comen tapas de lujo, y la idea, de entrada, ya mola.

Encontrar mesa en el restaurante de Albert Adrià es imposible si no es con enchufe o haciendo cola.
Yo por probar más cosas bebí Sierra de Cantabria mientras mi primo, más coherente siguió con la cerveza.

La comida fue genial: las bravas estaban crujientitas por fuera y tiernas por dentro, las croquetas de jamón jugosas y suaves, el tomate Raf de Almería con ventresca de bonito, sabrosísimo...

Tremenda ensaladilla rusa.

Lo mejor en mi opininión: las anchoas con boquerones marinados: el matrimonio.
Según la opinión del calentorro de mi primo lo mejor eran los labios de la camarera rubia con quien estuvo lanzándose miraditas todo el tiempo.
La noche podría haber terminado muy bien si yo hubiera reconocido mis límites cosa que jamás hago.


Así como, de puro engorilamiento, fui capaz de fisurarme una costilla haciendo deporte hace un par de semanas, anoche destrocé una magnífica jornada gastronómica bebiendo hasta terminar con la cabeza en el wc.

Si es que hay que saber parar.

sábado, 26 de abril de 2008

Arroz on the beach












Siguiendo instrucciones de Estanli Cuvric, inicio hoy una modesta serie de entradas que hacen referencia a lugares en los que he vivido, o vivo habitualmente, experiencias gastronómico/etílicas remarcables.

En los restaurantes o bares de este listado se dará siempre una serie de coincidencias a saber:
1. Nunca el lugar estará más arriba de Plaza Cataluña, (estamos hablando de Barcelona, para los de Chapapollas).
2. Nunca habré recibido nada a cambio de hablar del establecimiento en cuestión.
3. En estos locales se puede uno presentar en zapatillas.
4. Siempre habré sido feliz allí.

Hoy he comido arroz en el barrio de la Barceloneta con mi primo.
Si no fuera porque sé que este blog lo leen sólo cuatro borrachuzos no diría el nombre del restaurante. No quiero que se haga famoso.


En el Kaiku se come el mejor arroz de Barcelona.



Por fuera es un bar de playa, cutre, con manteles de papel y nombre de tetra brik de leche. Una vez te sientas y empieza a llegar la comida, te das cuenta de que las cosas buenas de la vida están a menudo escondidas.


Los entrantes van de berberechos plancha (casi crudos), ostras, navajas, zamburiñas, a ensalada de foie.
Cada marisco, molusco o como se llame el animalejo, tiene denominación de origen, en la carta está indicada la lonja de procedencia y el día de la captura.


En el Kaikú no dan paella, no seáis vulgares por dios.
En el Kaikú se comen arroces ahumados D.O. Deltebre con verduras, marisco, del chef…


Tienen un Albariño que relaja los modales y varios chardonnay, hoy hemos bebido un Gramona
Los postres son pecaminosos.


Detalles: el servicio. Con los camareros, las camareras y con el chef te irías de fiesta. Parece que estés comiendo en casa de unos amigos.
Y bueno, sí, además es barato.



Todo es perfecto en el Kaikú, yo sólo he llevado allí a gente a la que quiero, os ruego que no lo prostituyáis.




Hala, bon profit.

Qué pesada con los Facto esos...


Pues sí, otra vez a ver a Facto delafé. Guille, María y yo parecemos técnicos de sonido suyos: donde van ellos vamos nosotros.
Hoy otra vez barra libre, zona vip, bla bla bla...
Lo que me está costando escribir estas tres líneas.
María, que en cualquier circunstancia anda regalando sonrisas, ha sido quien más ha cantado y bailado.
Ya quisieran los focos esos enormes de la carpa tener la luz que tiene mi amiga.

miércoles, 23 de abril de 2008

Barcelona y Sant Jordi.



Está todo dicho, todo mejor explicado de lo que yo podría hacerlo: Barcelona se transforma cada 23 de abril en una preciosa librería/jardín y todos parecen felices.

Sí hay consumismo, los libros no son gratis, pero hay cosas por las que no duele tanto pagar.

Además de libros y rosas, Barcelona se llena de parejas.

Yo he recorrido ese pequeño universo de literatura y amor sola, a 13km/h, forrada de licra negra y escuchando música.

He tenido mi rosa de alguien que en realidad no quería dármela y de quien yo no quería recibirla.

Pero yo no necesito que hoy nadie me haga ningún regalo. Hoy mis mejores deseos se van a otra ciudad, a León, para que la madre de mi amiga se ponga su armadura y pueda vencer al dragón.

martes, 22 de abril de 2008

"En Anglinski...


... que parecéis idiotas.
En qué voy a cantar si no?"